pescadonegro

jueves, febrero 23, 2006

Adoquín de chicha

Hoy me dieron unas ganas enormes de pedalear. Más que por querer escapar de casi todo de una forma, digamos, deportiva, fue porque al abrir el freezer encontre unos olvidados adoquines de chicha --adoquines que se me ocurrio congelar alguna tarde de calor idiotizante --. Segundos después de ver como se disolvían en el lavadero, cediendo su espacio al futuro hielo de mis cubalibres nocturnos, recordé a mi amigo de infancia Miguel.
Miguel "Orejas" Lavalle, aparte de tener en las filas familiares a una hermana digna del cetro "Miss mi cuadra 1980", poseía lo que para mí en esa época era lo único que se me ocurría montar: una Bicicross, último modelo de la firma de bicicletas Monark.
Mi trato con Miguel era el siguiente: todas las noches llenaba de chicha un envase de Dorina que a la mañana, ya convertido en adoquín, servía de trueque contra su bicicleta. Mientras Miguel devoraba enajenado su adoquín yo paseaba enajenado con su Bicicross. Por supuesto, el paseo duraba lo que duraba el adoquín, razón que me obligó a gestionar con mi madre envases cada vez más grandes, tan grandes como mis ganas de montar su bicicleta.
Así transcurrió aquel verano. Bueno, casi todo. El trato acabó una mañana con sabor a asfalto. Mientras Miguel disfrutaba el adoquín más grande que había logrado fabricar, yo caía de dientes a la pista distraido por la figura de su hermana -- en bikini y shorts-- subiendo a la motocicleta de su novio. No se si Miguel no me volvió a prestar su Bicicross porque le rompí un pedal, porque se cansó de los adoquines o porque esa mañana, luego de ver la forma en que miraba a su veraniega hermana, supo que había perdido el interés por las bicicletas.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

por las dudas aprovecharé el verano montar bici por san martín. tiene que haber una forma de mantenerte interesado.

5:44 p. m.  

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